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Esos recuerdos, me hacían ver desde lejos una cultura que incluía la picarezca de los sobrevivientes de la pobreza en las poblaciones callampas nombre que se les da en Chile a las poblaciones de chabolas, la importancia de la religión, mayoritariamente Cristiana con familias tradicionalmente Católicas y el trabajo incesante y contínuo que los Protestantes, mayoritariamente testigos de Geová que iban pregonando su fé por plazas y parques, dándo siempre esperanza a las gentes pobres que se debatían entre su pobreza e ignorancia y soportaban además lo más árduo de una naturaleza, la que, de vez en cuando, se volvía violenta y destrozaba sus casuchas sin piedad.

Esta historia, cómo todas mis historias está basada en personajes reales, vidas reales vividas por pequeños inocentes que sólo sabían sobrevivir en un mundo de escasez y desconcierto, la mayor parte de las veces violento y mezquino.

Aún así, no es sólo una historia, es muchas historias juntas.

Siguiendo el consejo de  una compañera de trabajo, cuando la escribí, he intentado dejar hablar a los personajes con su peculiar modo de utilizar el español. El querí, tení, por quieres o tienes, os guiará en las demás transformaciones. Palabras como volao que indican estar distraido, o patipelao, sin zapatos, os llevarán a suponer otras de la misma índole. O así lo espero y si hay dudas os invito a dejar un mensaje que contestaré con gusto.

Aliama Narval

 

Este verso del poema “Piececitos” es de la Poetisa chilena,Premio Novel de Literatura 1945

Gabriela Mistral

Piececitos de niño, 
azulosos de frío, 
¡cómo os ven y no os cubren, 
Dios mío!

 

 

Empleado del cielo

 

Una tarde miserable, y aburrida, como tantas otras, el pequeño “Litre” exploraba el vertedero del vecindario que quedaba enfrente de su casa, en su población callampa. Las casas, todas ellas,  construídas con materiales de desecho que competían en precariedad, todas ellas, lindando el basural.

 

Una hilera de latas vacías roñosas y sucias, servían de blanco a un montón de piedras malolientes habitantes de aquel lugar. Allí, entre los desperdicios de una humanidad con mejor fortuna y en compañía de algunos chicos del vecindario,  jugaba “el Litre.”

Aburrido de derribar latas y cansado de corretear, decidió ir hasta su casucha a probar suerte.

¡A lo mejor conseguía un pedazo de pan y una taza de té!

Al llegar a casa encontró a su madre  lavando en un barreño grande, muy tiznado de tanto hervir ropa.

El Litre se quedó mirandola en silencio.

¿por qué estará siempre tan enojá? - Se preguntó- ¿y por quénunca me dá besos?

¿Y tú qué mirai, si se pué saber? – dijo la madre- ¿Qué hací ahí con cara e pajarón?

Continuó mientras levantaba con un palo una sabana blanca como la nieve, del cubo donde la estaba hirviendola  para quitarle lás manchas. Aquellas sábanas cada  día pesaban más. El estómago vacío hacía flaquear las piernas.

“¿Diosito qué nos vamo a lleva hoy a la boca si no tenemo ni un solo peso?”

“Toy cansá, Diosito, pero tengo que dejá ta ropa limpia, si no Doña Gertrudes se m´enoja y la tengo lavá de nuevo”, dejó caer la sábana dentro del cubo y miró a su pequeño con profunda pena. ¡Y este chiquillo Señó…..! ¿Qué voy hacé con el?

“Óyeme Litre”, le dijo al niño, que permanecía en silencio.

Levantó otra vez la sábana , la restregó y la azotó contra el fondo del barreño. El agua saltó y salpicó al niño, haciendolo reaccionar.

-Dígame

La madre se incorporó con dificultad, secándose el sudor de la frente con el antebrazo-

¡Que chascona y fea ta ¡ pensó el Litre.

Me gustaría comparle un vestio y unos zapato y….

¡Oye, aterriza!,  le grito la madre,

¿No escuchai lo que te igo?

Perdone mamá- contestó El niño sobresaltado, no convenía enfadarla.

“Gueno, ta bién, volao”

“ Que si te atreví a ir solo al centro, cantando en la micro”.

El litre sintió que su corazón daba un vuelco.

¿Ahora?, preguntó asustado.

“Si, ahora”, contestó la madre sonriendo,

“Algún día tiene que ser ¿no?”

Si no vay ahora, no se que diantres vamo a comé hoy”

¿Y si no me dan ná? Preguntó el niño angustiado.

“¡Algo te darán! Siempre hay alguien que le da pena los niño”

“ Vente pa cá” dijo la madre intentando tranquilizarlo, “ Te voy a dá un té y pan”

Y diciendo esto se metió en la casucha.

El Litre tenía ganas de  llorar, pero sabía que no podía, tampoco debía hacer más preguntas o poner dificultades, eso podía desatar una tromenta de proporciones incalculables.

La madre apareció con una humeante jarra de metal  en una mano y un trozo de pan duro en la otra. El niño tardó muy poco en hacer desaparecer tan ansiado banquete. Aquella frugal comida había despertado aún mas su apetito. A pesar del hambre, se sentía más animado para emprender su aventura.

“¡No remonolee, pucha Litre, es tarde, te vai ya!”

“Ta bien pue,ya me voy”

¿Y ahora que esperai?

Na, me voy.

Y se marchó sin besos, sin recomendaciones, muy sólo y muy asustado.

Ah, Litre, le gritó la madre ¿cuidaito con gastarte la plata! ¿Me oiste?

Si mamá, no se preocupe, contestó el niño, haciendo un gesto de despedida con su pequeña y mugrienta mano.

 

Ya estaba en la parada de la micro que así llaman al autobús. Sin dinero, sin zapatos, con la ropa raída y su cara sucia). Con ojos angustiados y manos temblorosas esperaba. Tenía miedo, pero aún temía más la ira de su madre.

De lejos, vió venir la micro y se le encogió el corazón. De pronto aquel vehículo enorme se le antojo un monstruo de mil cabezas lleno de otros pequeños monstruos dispuestos a devorarle.

Como no era hora punta la micro no venía muy llena. Eso le animó

Y acercándose a la puerta, le dijo al conductor  “¿Una cantaita?”

El conductor lo miró unos segundos y al fin dijo: “ ¡Anda, sube rápido y trata de no molestar!”

Litre subió todo lo rápido que le permitiron sus piernas flacas. Ya sabía lo que tenía que hacer, así que, como alumno aventajado, lo cumplió al pié de la letra.

Se sento a un lado en el escalón de la puerta trasera procurando no estorbar a los pasajeros que bajaban. Seguidamente, haciendo un enorme esfuerzo comenzó a cantar…

“Al preso numero 9, ya lo van a confesar…”

Su voz temblorosa, al principio se fue afirmando a medida que transcurría su interpretación de la dramática ranchera mejicana . Al igual que su ánimo, su voz era cada vez más fuerte y con más garra.

La gente que viajaba en la micro volvía la cabeza sorprendida por la vehemencia de la interpretación que desgranaba uno que otro gallo, aquí y allá. La mayoría de los pasajeros sonreían divertidos, otros miraban con desprecio y algunos lo miraban mostrando total indiferencia.

Cuando el Litre se disponía a cantar la segunca canción del repertorio de rancheras, una señora muy arreglada y peripuesta comentó en voz alta: “¿No les dará vergüenza a esas madres mandar a los niños a hacer esto? ¿No piensan que así los enseñan a ser vagos?

¡No, si así estamos como estamos! ¡Yo no le pienso dar ni un peso! ¡Y si todos hicieramos igual, habría menos flojos pedigúeños en este paí!

Un joven compañero de viaje la miró con profundo desprecio.

¡Usté que sabe señora! –le dijo- ¡Mejó cállese!

Aquello fue el principio de una acalorada discusión política que duró hasta que el jovén se bajó.

Los pasajeros se dividieron en dos bandos; y en medio “El litre” que no entendía nada de lo que pasaba.

Cantó más fuerte, más alto, pero fue inútil, nadie se percataba de su presencia y las voces de la gran discusión ahogaban su interpretación. En vista de lo ocurrido decidió recoger el fruto de su presentación.

Se dirigió al primer asiento temblando, no hacía frio pero no paraba de temblar. Estiró la mano y con gran alivio vió caer una humilde moneda.

Lo intentó otra vez, ¡Miren el mugriento! Dijo una mal agestada mujer, ni siquiera da las gracias!  ¡A mi me cuesta ganar la plata! ¡lárgate!

El Litre sintió un enorme peso, su cuerpo era de acero y no podía moverse.

Una mano caritativa lo hizo salir de su parálisis.

Toma chiquillo y no hagai caso. Una reluciente moneda llegó a su mano.Era una moneda importante- Miró a su benefactor y le dijo ¡gracias! El  señor sonrió y se enfrasco en la lectura del Mercurio que amenazaba con tapar a la señora del asiento de al lado según le pareció al Litre.

Ya le volvía a mejorar el ánimo, un par de monedas más y  llegó a la puerta de salida, debía bajarse y tomar la micro de vuelta para entregar el dinero  a su madre.

Estaba extenuado, ambriento y sediento. Bajó de la micro, no sabía muy bién donde estaba, sí sabía que debía cruzar la calle y tomar la micro del mismo recorrido en sentido contrario.

Paró un momento para decidir hacia dónde dirigir sus pasos- Una agitada multitud lo envolvía, empujaba y confundía. El centro de la ciudad era un hervidero de gente a aquellas horas.  Al fin creyó divisar el semáforo.

Abriendose paso entre la multitud llegó a la luz de paso en el momento que cambiaba a verde para los peatones. Cruzó la calle y al llegar al otro lado sus ojos tropezaron con la enjuta figura de un anciano invidente sentado plácidamente en las escalinatas de la iglesia. Al verlo allí tan cómodo penso que tal vez podría sentarse junto a él y que nadie lo echaría de allí. ¡Es ciego! Se dijo , “no me va ver, me siento un ratito”

Llegó hasta donde estaba el anciano y se sentó cerca procurando no hacer ni el más mínimo ruido.

¿Quién está ahí? Pregunto el anciano con ansiedad

“yo” contestó El Litre sorprendido de que el ciego hubiera notado su presencia.

“¿Y quien es yo?” agregó el ciego

“El litre” dijo el niño.

El anciano hizo un gesto de fastidio y añadió “¿Y que estai haciendo aquí?” “¿No tenís casa?”

Si, voy pa yá ahora, en un ratito. Toy descansando.

Al ciego no le hizo falta preguntar de dónde venía aquel niño, en cuanto lo escuchó hablar supo que habitaría, sin duda, en alguna población mísera. Incluso podría vivir en la suya.

De cualquier forma, no le interesaba saber de dónde era; a partir de ahora, seguro que más de un día se sentaría por allí y si no era así, mejor.

Así que descansando ¡Ah! ¿Y que estuviste haciendo pa estar tan cansao?, preguntó el ciego.

“Me vine al centro cantando en la micro” – contestó sencillamente el niño.

En esos momentos una apresurada mujer pasó por delante de ellos y depositó una moneda en la mano extendida del ciego, sin detenerse, subió rápidamente las calinatas que conducían a la entrada de la Iglesia. Al sentir la moneda en la mano el ciego dijo con voz lastimera

“¡Que Dios se lo pague!”

Al Litre le llamó la atención el cambio de tono y de actitud del ciego. Por su gran curiosidad infantil no pudo refrenar la pregunta, sabía que era arriesgado preguntar pero se aventuró.

Oiga ¿Y por qué pone cara de pena cuando le dan plata?

Para el ciego aquella pregunta fue tan inesperada que le hizo sonreir. Hacía tiempo que no sonreía.

Sabéi Litre, ese es tu nombre ¿no?

Si, replico el pequeño.

Creo que va a gustar que te quedéi un rato, pero no mucho ¡Ah!

El Litre se encogió de hombros, le daba igual irse  en ese momento que quedarse un rato más.

“Yo- continuó el ciego, con tono erudito- no veo las caras pero sí los corazones; por eso se que a la gente le tenís que inspirá lástima pa que te den plata, y agradecé con vos quebrá, así como desgraciá pa que  te crean como una, a ve como te esplico, como una güena obra y se vayan contentos. Ese e el  secreto.”

El ciego se sentía inspirado- “Si tú… “ “¡Cuidao! Dijo el Litre. Viene una vieja derechita pa cá…”

El anciano reprimió la risa.

“¡Pasó de largo!  ¡vieja apretá!” Dijo el niño.

“Tate callao”, dijo el ciego, “¡a ve si te oyen y me echai a perder el negocio!”

“¿Qué negocio?” Preguntó el pequeño extrañado.

“¡Eres harto preguntón!” Exclamó el ciego

El Litre recordó que su madre siempre le decía lo mismo y decidió no insistir.

El anciano tenía ganas de hablar, así que continuó exponiendo sus teorías.

“Mira litre este es un negocio mu serio ¿Sabíai?”

“No, contestó el niño.”

Mientras pensaba que el ciego era un ser entretenido, se acomodó mejor en el escalón para no perder palabra de lo que el invidente iba a decir.

“¡Claro que es muy serio!”- continuó el ciego.

“Mira”, añadió,”” la gente está dispuesta dar siempre y cuando reciba algo a cambio.”

El litre confuso replicó “Pero yo no he visto que usté les de nada”

“¡Ahá! Contestó el ciego, eso es lo que tu ves pero escucha, hace montones de años un hombre que se llamaba Jesús, el niño de Pascua en Diciembre, dijo que habia que ser caritativos y ayudar a los pobres para ganarse el cielo, que es un lugar muy bonito donde hay de to pa toos y no hay que pagar pa tenerlo. Por eso alguna gente que cree en esa idea te da plata, es como si se estuvieran comprando un parcela en el cielo a plazos, poco a poco”.

“¿Es que en el cielo venden parcelas?”- preguntó el Litre intrigado- su mamá le había contado lo del niño Jesús pero no lo de las parcelas.

“Algo parecido,” contestó el ciego

En esos momentos pasó una mujer muy tiesa y antipática, en opinión del Litre. Tiró una moneda en la mano del ciego pero la moneda rebotó y fue a caer tres escalones más debajo de donde estaban el ciego y Litre. El niño dio un salto para atraparla y estuvo a punto de estrellarse con la mujer que la había tirado.

¡Ahh! Exclamó la mujer visiblemente disgustada, ¡Quítate de ahí chiquillo mugriento, mal educado!

El Litre sin inmutarse recogió la moneda. Estaba acostumbrado a esos apelativos  que ya no conmovían su alma.

Cuando se incorporó con la moneda en la mano vió que la mujer aún estaba allí, de pié, manos en jarra y roja de indignación. “¿Ni siquiera te han enseñado a pedir perdón! Y agregó ¡Si no fuera porque llego tarde a misa llamaba a los carabineros!

El Litre se asustó, la policía, los carabineros, los pacos como se les conocía popularmente, nunca le habían hecho nada pero se oían cosas en la población.

El ciego levantando la voz le dijo a la indignada mujer “¡Pérdonelo señora, e un pobre huerfano y no ha tenío quien le enseñe!

La mujer al escuchar al ciego dio media vuelta y continuó su camino murmurando “ La próxima vez , ten más cuidao. No te metai con la gente decente…”

El Litre tenía ganas de llorar de rabia, pero había aprendido a tragarse las lágrimas.

Le entregó la moneda al ciego y con tono de preocupación le preguntó ¿Y esa vieja mala va a comprar una parcela en el cielo?

El ciego divertido dijo “Güeno, no todo el que quiere comprar la parcela puede hacerlo.”

“Tamién cuando hacemo algo malo y cruel tenemo que pagar, así es que esa mujer debe tener montones de deudas.”

El Litre quedó silencioso y pensativo, se sentía aliviado con la explicación del ciego. De pronto

Preguntó “¿Por qué le dijo que yo era un pobre huerfano si yo tengo mamá?”

El ciego moviendo la mano en el aire dijo “Eso da igual, se lo dije pa que se calmara y se juera. ¿No te ije antes que yo veo a la gente aquí aentro, aunque no vea las caras?

“Yo creo que esa vieja está podrida dijo el niño con pena.”

“Güeno”, dijo el ciego consolador, “¡Olviate no ma! Cuando llevei un tiempo, vai a ver mucha gente fea como esa vieja amargá.” Pero no seai muy duro con la gente, ellos también sufren.

Se produjo un silencio… El Litre pensaba y pensaba en las parcelas del cielo…

“Oiga ¿y los pobres que peimos como poemos comprar una parcela en el cielo si tenimos na?”

El ciego busco una respuesta coherente para el niño, de pronto lo vió claro…

“Los pobres que peimos”, dijo, “no tenemo que comprá ninguna parcela porque ya tenemo un sitio allá ,  es que somo… a ve como te esplico, si somo…empleados del cielo”

Concluyó el ciego sintiendose orgulloso de su explicación.

¿Yo tamien? Preguntó el niño.

¡Claro chiquillo! Dijo el ciego satisfecho de su respuesta

“Pero como a mi nadie me vino a contratar…”

“Güeno, patipelao, repondió el ciego, es que ellos, los del cielo no necesitan contratar. Mira Litre esto es un gran secreto, pero muy, muy grande, oiste, así que no lo vayai contando por ahí  o van a decí que estai loco ¿me oiste bien?

“Ta bien”, dijo el pequeño muy decepcionado.

Con lo orgulloso que habría contado a todos que tenía “pega” en el cielo.

“ La gente que trabaja par el cielo no lo sabe” – continuó el ciego- “sólo se dan cuenta cuando se mueren y van pallá. Entonces se lo explican.”

¡Ah! Exclamó el niño.”¿ Pero ¿y usted po qué lo sabe?”

El ciego suspiró fuerte; ya no sabía por dónde desenredar la madeja.

“No te lo pueo conta too Litre; conformate con ser uno de los pocos que lo saben y por Diosito, no se te vaya a salí! Acuerdate que ellos siempre te ven… Oye chiquillo,¿ no es hora de que te vayai, ya?”

Si. Dijo el Litre volviendo a la realidad y poniendose de pié de un salto. Se había olvidado del dinero para la comida.

¡Eh Litre espera! Dijo el ciego.

Dígame, contesto el Litre con impaciencia.

Cuando querai pasa a verme ¿ya?

¡si, paso! Me voy que me van a chancar, dijo el pequeño atemorizado.

El niño se perdió en la multitud a buscar la micro de vuelta.

El ciego se quedó pensando en aquella charla …

Una moneda en su mano le sacó de sus reflexiones y dijo “¡gracias patroncito!“

“Patrocita” dijo una voz de mujer divertida…

“Pérnoneme señora”, contestó el ciego solemne.

No se preocupe”, dijo la mujer, “es lo de menos”

-De vuelta a casa…

El Litre iba preocupado, el no tenía idea de que por ahí había empleados del cielo ¡Claro!, pensó, si lo supiera todo el mudo, entonces todos intentarían conseguir un puesto pa tener la parcela grati ¡Y así no es la cosa!

En ese momento pasó la micro que debía tomar de vuelta. El chofer fue venévolo y le dejó cantar. La gente se sintió conmovida con sus canciones, todas rancheras mejicanas muy dramáticas. Todos los pasajeros parecían de buen humor y el viaje fue muy productivo. Ya podía llegar a casa tranquilo.

La madre le recibió con un gruñido.

“¡Habe, pasa pa cá!” Dijo impaciente.

El niño alargó la bolsa que su madre le había dado antes de salir para poner el dinero a salvo.

La madre comenzó a contarlo, a medida que contaba las monedas su rostro iba perdiendo rigidez.

“no está na mal! Cuando tengai más prática te irá mejó!”

“¡Güeno,  ahí tení un plato de comía, ya me voy. Tu te acostai  y apagai la vela, me estai oyendo pasmao!”

“¡Si, yas tá! Dijo el Litre enfadado.”

La madre se fué, sin besos… El litre se quedo triste, pero de pronto recordó que lo miraban del cielo y eso lo reconfortó.

Comió rápido, con el hambre que tenía, aquel plato de sopa con una papa le supo como el mejor de los manjares. Luego se acostó vestido. No había para que desnudarse. Aunque no era invierno hacía frio y su cobertor era muy ligero.

En un rincón de la casucha se acurruco en el camastro.

“¡Oigan! – dijo bajito- ¿me oyen? El ciego me dijo que les hablara. Yo soy el Litre. Soy empleado de ustedes. Buenas noches Don Dios, Don Jesús, Señora María y don José; Estoy contento porque me han dado la pega. Hoy me jué bien, ¿saben? ¡Hasta mi amá se puso contenta!”

“De la micro que me juí, no había muchos que querían parcelas, el señó que me dijo, no hagai caso y  güeno ustedes ven, pues.”

“En la micro de güelta si que querían hartas, y con too respeto creo que se las pueen dar. Sobretodo a la señora con la niñita, que jué harto cariñosa ¡A lo mejó podían guardarle una a la niñita tamién…!”

“Mañana voy a ir otra vé a ver como me va…”

“Oigan, ¿no podían darle un trabajo a mi amá para que estuviera contenta?”

“Güeno, yo digo no má…”

Los pápados comenzaron a hacerse muy pesados, la voz se alejó de su consciencia y el Litre se durmió atesorando su gran secreto.

Aliama Narval

Comentarios   

 
0 #1 Aliama Narval 12-05-2014 15:20
Este comentario fue escrito por Milagros una compañera de Iberia que era escritora y cuyos relatos yo tuve la suerte de leer. Quisiera dejarlo reflejado aquí, tal como ella lo escribió.

Empleado del Cielo
Ternura e ironía son los dos componentes preciosos que destacan en tu relato.
Describes muy bien la miseria del suburbio, el hastío de la pobreza, y, sobretodo el mundo de un niño, como cualquier otro, a pesar de las circunstancias.
En contraposición, aparece el viejo pícaro, que fue niño un día y cambió inocencia por malicia para sobrevivir.
Tu cuento toca las fibras sensibles de las personas del otro mundo; el de los encopetados, los que fingen ignorar, los que compramos en cómodos plazos una parcela en el cielo.
En cuanto al lenguaje, tú que lo conoces, úsalo tal cual es. La gente del pueblo tiene fuerza cuando habla y conviene aprovecharla.

Milagros
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Si cada vez que pienso en ti te enviara un sms, no podría dormir, ducharme, ir a natación, bailar, hacer presentaciones, escribir en Facebook ni hacer el amor.

Ahora paro en seco un informe y te escribo en letras de nube sobre el cielo de Shanghai:

te quiero . . .
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