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Reflexiones de la abuela

                        

Cuando yo era” ferviente practicante de la ley de Murphy”  solía vivir inmersa en el desastre.  No era capaz de darme cuenta de que dicha ley sólo existía en mi vida porque yo la obedecía ciegamente. Siempre luchaba entre el pesimismo absoluto de una parte de mis antepasados y  el optimismo total de la otra parte.  Por alguna razón el pesimismo conectado a los miedos adquiridos en la infancia suele ser más fuerte y por eso dicha ley existe. Un viaje a Paris, invitación de Angie, me enfrento a otra realidad y a pesar de la fuerza de dicha ley yo decidí que quería aprender a confiar y me puse a ello. Rondaba ya los sesenta y no sabía si sería capaz de cambiar mi estructura mental a esa edad, me emplee a fondo y aun estoy en ello. Todavía hay recaídas, no cabe duda, pero al menos, ahora vivo más serena sabiendo que de mis pensamientos nacen todos mis desastres y todos mis éxitos.

“Quien piensa negativamente, llama al desastre y como decía un conocido de mi hija: “que mala vida para el que se lo monta mal”

Aquí,  sí que subscribo la ley de la atracción sin reservas, en este punto, no me cabe duda  que uno atrae lo mejor o lo peor a su vida. La cuestión es descubrir, muy profundamente  ¿cómo se pueden desprogramar  las creencias que han entrado en tu mente desde tu nacimiento? Parece una tarea imposible pero es verdad que se puede aunque no haya  modo de evitar hilachas y flecos de tu subconsciente que te hace pagar las consecuencias de lo que un día aceptaste como bueno. Y es así porque mientras no conozcamos nuestros mecanismos de refuerzo, aquellos que nos sujetan al sufrimiento y al fracaso personal, estaremos a merced de los éxitos o fracasos de nuestros mayores, es decir “La ley de Murphy”.

Antes, en mis tiempos de niñez, la gente nacía inteligente, media, es decir, del montón, o, rematadamente inútil.  Ahora gracias a la ciencia sabemos que esto no es cierto y aunque tengamos en cuenta todos los factores genéticos, ambientales  y sociales sabemos que cualquier bebé depende de su entorno social para un mayor o menor desarrollo de su capacidad intelectual y por tanto de su inteligencia. Ahora conocemos el control mental de Silva, conocemos a tantos sicólogos  eminentes que han optado por el coaching por ejemplo: Louis Hay, Waine W. Dyer y Stephen Covey entre muchos otros. Todos ellos intentan convencernos de nuestras posibilidades infinitas pero nosotros nos mantenemos firmes en nuestras creencias limitadoras.

Siempre hay mucho que discutir acerca de las nuevas tendencias pero parece probarse día a día, que quien tiene más medios para la formación, sean familiares o de la sociedad donde habita, es, en general, quien llega a más, socialmente hablando. Quien nace en una familia que cree en sus capacidades, casi siempre alcanza un buen desarrollo que le permite sentirse bien, pero,  quien tiene la poca fortuna de nacer en un medio hostil o cerrado con creencias que lo reducen a un mero instrumento de otros, siempre  dependiente de lo que le den,  rara vez, podrá independizarse y desarrollarse como individuo.

Por tanto y después de mucho leer y observar a mis queridos semejantes, aquellos que están tan perdidos como yo, creo que la Ley de Murphy sólo sirve si quieres justificar el no hacer un esfuerzo para cambiar tus horribles hábitos o si te sientes bien con su existencia, si realmente crees en su validez y te compensa, si te vale como chiste o si te ayuda a justificar tu imprevisión o falta de preparación.

De todos modos si quieres constatar el funcionamiento de dicha ley, prueba a salir de viaje con el tiempo muy ajustado, si vas en avión. También puedes ponerla a prueba saliendo de viaje sin revisar el coche y sin programar los gastos. Si vas por carretera, en esas condiciones, ya verás como Murphy te acompaña todo el camino.

Y ya ni te cuento lo mucho que disfrutarás de su compañía si intentas encontrar un trabajo ideal, con un buen sueldo, cuando no tienes preparación ni siquiera para la entrevista.

Pero bueno, en todo caso, con Murphy o sin él  ¡Pásalo lo mejor que sepas o puedas!

 

 

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Si cada vez que pienso en ti te enviara un sms, no podría dormir, ducharme, ir a natación, bailar, hacer presentaciones, escribir en Facebook ni hacer el amor.

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"No se puede enseñar nada a un hombre; sólo se le puede ayudar a encontrar la respuesta dentro de sí mismo"

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<¿Para qué repetir los errores antiguos habiendo tantos errores nuevos que cometer?

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Adam J. Jackson

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