Eutanasia... Cuidados paliativos... Linchamiento moral.

Hace dos semanas se dió por hecho en la mayoría de los medios de comunicación que el coordinador de urgencias de un hospital madrileño practicaba la eutanasia.  

Hace dos semanas se dió por hecho en la mayoría de los medios de comunicación que el coordinador de urgencias de un hospital madrileño practicaba la eutanasia. Es verdad que unos días después, a medida que todo parecía apuntar a la falsedad del rumor, el tono y el fondo de las noticias ofrecidas por nuestros profesionales del periodismo empezó a cambiar. En un principio ningún medio que yo sepa, planteó la posibilidad de que la denuncia anónima fuera falsa. Si alguno lo hizo, que me perdone, pues eso le honra. Todo el mundo lo dio por cierto, hasta la dirección del hospital, de clara vocación política a juzgar por su reacción, que no le defendió sino que apoyo al político de turno que le apartó de su puesto. Su propia dirección médica, sus gestores, que al fin y al cabo son compañeros de trabajo... Todo este lío como consecuencia de uno o dos anónimos, quizás de la misma persona, escondida quién sabe por qué razón. Me llama la atención que a este facultativo no se le otorgara el derecho a defenderse, básicamente a la presunción de inocencia, antes de publicar y dar crédito a una noticia así, de este calado social. Se ha dañado al facultativo, al servicio de urgencias del hospital, a la sanidad pública y no nos olvidemos... a muchas familias y a muchísimos pacientes, que lo fueron y que lo serán. Muchos pacientes, profanos a la sanidad, serán atendidos en este centro con la tremenda incertidumbre de si unos "malvados" profesionales pueden actuar en contra de su salud o la de sus familiares.

Huelga decir que no soy periodista. Tan sólo puedo aportar un poco de sentido común. Los periodistas no deberían entrar al trapo ante un rumor. Entiendo que haya que informar, pero la diferencia está en cómo tratar esa información. La noticia podría haber sido así: "Dos anónimos denuncian al coordinador de urgencias del hospital Severo Ochoa; este hospital, respaldado por una comisión ética y un consentimiento informado firmado por la familia, está practicando cuidados paliativos como en muchos otros centros de nuestra geografía, para disminuir el sufrimiento en pacientes terminales aquejados de dolorosas patologías. De este modo se intenta que los pocos días de vida que les queden, no sufran innecesariamente. En efecto, estos tratamientos pueden en algún caso acelerar el proceso de muerte de estos pacientes. Sin tratamiento, la esperanza de vida de estos pacientes es de pocos días, agravados en muchos casos por una penosa agonía injustificada. Con tratamiento, reconocido mundialmente por todas las comunidades médicas, la esperanza de vida puede ser algo más corta pero se disminuirá en la medida de lo posible su sufrimiento. Los denunciantes, anónimos, piensan que esto es eutanasia. La justicia deberá investigar el origen de estas denuncias para aclarar si constituyen delito en si mismas. Una investigación aclarará caso por caso si la actuación de este médico y de su servicio ha sido la correcta, ya que se ha observado que en este centro últimamente se han producido más defunciones que en otros hospitales ".

Una vez aclarado todo y sobre todo si se demuestra su inocencia, pienso que las conclusiones deberían ser anunciadas con la difusión que el honor de estos trabajadores merece. De esta manera, el coordinador de urgencias no estaría en boca de todos, al menos no como lo ha estado, gratuitamente, sin el más mínimo rigor informativo. De igual modo, la dirección médica tendría -quizás sólo a mi juicio- algo de lo que avergonzarse. A veces vale más la dignidad que mantener un puesto "digital" aunque ya se sabe, el jefe siempre tiene la razón. Sin embargo, lo verdaderamente relevante desde un punto de vista social, es que usted como paciente no tendría temor a ser atendido por un médico. Muchas familias podrán dormir sabiendo que sus familiares fueron tratados con el cariño, la humanidad y la profesionalidad que todos deseamos.

 

El lector habrá notado que yo ya he tomado partido en esta historia. No lo he podido evitar. Soy médico, nada más me une a este compañero ni a su servicio. Día a día, nuestro trabajo nos lleva a tomar muchas decisiones que en su mayoría por no decir totalidad, se basan en el método científico, en muchos años de estudio y experiencia, en múltiples trabajos realizados por investigadores o en la tan de moda medicina basada en la evidencia. No siempre todos los profesionales nos ponemos de acuerdo en todo, pero ésta es una de las maneras en que avanza la humanidad, no sólo la medicina. Cualquiera de estas decisiones viene avalada necesariamente por un consentimiento informado del paciente y, si éste así lo quiere o no está en condiciones de darlo, de la familia. Incluso en casos muy particulares lo obtendremos de un juez. En ocasiones la presión asistencial nos hace descuidarnos y no reflejamos por escrito este documento. Se informa verbalmente a la familia y no se firma un documento que por su dureza y frialdad, a veces nos cuesta ofrecérselo a los afectados. Mal hecho, porque la ley nos obliga y si no está en la historia firmado, incurrimos en falta administrativa. Suerte que disponemos de diez o quince minutos en el mejor de los casos, para preguntar por qué viene e historiar al paciente, explorarle, diagnosticarle, meditar y pautar un tratamiento personalizado al caso concreto y a su persona, dar las explicaciones pertinentes, amén de los efectos secundarios y de las alternativas terapéuticas, dar a leer el documento de consentimiento informado para que se firme en los casos en que sea necesario y ... hasta puede que nos sobre tiempo. Fácil...

Nuestra primera preocupación es el paciente, que es lo lógico, pero día a día la medicina defensiva va instaurándose en nuestro modo de actuar. Quiero recordar a todos que los especialistas que a veces con cierto desprecio llamamos "del seguro", son individuos que tras el bachillerato han dedicado un mínimo de diez años de sus vidas, tras superar oposiciones como el examen MIR, para obtener los títulos que les permiten ejercer. Que han trabajado de tres a cinco años durante su formación especializada -MIR- por un sueldo muy humilde y han hecho muchísimas horas extras en turnos interminables -guardias- sin apenas descanso. Si conocen algún médico especialista o mejor aún, algún residente, sabrán que no miento. Todo ello para obtener en muchos casos después de tan largo periplo, un contrato basura que es ofrecido por... la administración. La misma administración que liderada por nuestros representantes electos, nos promete la mejora de las condiciones de trabajo de todos y todas. Y que no se corta un pelo en rebanarle la cabeza a nadie, por si acaso... Ya se la devolveremos después si no hay más remedio.

Entre los médicos hay de todo como en botica, pero la mayoría tenemos una vocación de servicio y un profundo amor a nuestra profesión. Lamentablemente, la gran mayoría de compañeros vamos sintiéndonos defraudados no ya sólo por los sueldos, sino porque todos los problemas de presión asistencial se solucionan de la misma manera. ¿Creen que conducir durante más de dos horas seguidas supone mayor riesgo para la población que valorar, diagnosticar y tratar 50 pacientes seguidos? ¿No creen que cada diagnóstico y tratamiento encierra cierta dificultad y la posibilidad de errar, con la responsabilidad que esto supone? Esto ocurre a diario en todos los centros de salud de España, y a nadie le extraña. Incluso muchos gestores pensarán que no se trabaja lo suficiente. Tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo que podemos mantener, y esto lo sé de primera mano, gracias al equipo humano que lo integra, a su entrega y a su buena voluntad. Me refiero a la infantería: limpiadoras, pinches, cocineros, celadores, auxiliares de clínica, administrativos, diplomados en enfermería, médicos generales y especialistas, y no a los gestores ni a los puestos de dirección, mucho menos a los políticos, cada vez más desconectados de la realidad.

En su día elegí este camino y en él sigo, de momento, por elección propia. Asumo como propias todas las dificultades y lucho todos los días un poquito para ofrecer a mi paciente "del seguro" lo mejor de mí y de la ciencia que humildemente aplico pero... para mí sería muy duro, durísimo, que se me juzgara en los medios de comunicación sin contrastar que mis actuaciones son o no correctas, acordes a la deontología médica, y siempre en aras del beneficio del paciente. Así que imagino como se siente mi compañero y me solidarizo con él con el deseo de que pueda demostrar su inocencia y los medios de comunicación le hagan justicia. A los cobardes que anónimamente denunciaron, espero que si mintieron, la ley caiga sobre ellos con todo su peso, porque con esto no se juega.

 

Cualquier médico podría tener que pasar por esto sin necesidad... sin necesidad de aportar datos o pruebas. Basta con un anónimo. ¿No les parece increíble?

Suerte compañero, que se haga justicia.

 

Saturnino Gismero Moreno.

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