La leyenda de Landroval

Ésta es una historia que nació en Brasil, de manos de Juan, que a su vez habita en otro relato...Juan es un soñador, natural de Cádiz, y ama el mar, el trabajo nacido de las manos, el olor del romero y sueña cada noche con la miel de los ojos de Aurora...

 Aquí se cuenta la versión corta de la historia, tal y como Juan se la relató un día a Manuel, Laura, Antonio y Aurora...
 

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......:::::::::::LA LEYENDA DE LANDROVAL ::::::::::.....

 El día que Landroval tuvo que despedirse del fuego sagrado corrieron por sus mejillas lágrimas encendidas como estrellas fugaces, que se despeñaban desde lo alto, rodando, para deshacerse entre la arena blanca y suave de la playa, en un último estallido de cálida luz, como el canto silencioso de una decena de luciernagas.

 Landroval, era un caballero del fuego, miembro de la antigua orden que ha protegido la llama sagrada durante milenios, o al menos lo había sido hasta aquella tarde, en la que finalmente otro poderoso sentimiento lo había desbordado, una llamada que llevaba acallando tanto tiempo, y que ya no era capaz de resistir y de la que ya no quería esconderse.

 Pensaba en ello, mientras sus ojos anegados se posaban en los rescoldos vivos de la gran hoguera, que se alzaba ante él como una montaña gris, amarilla, azul y roja, y su mirada borrosa se perdía contemplando la luz rojiza, que daba paso a aquello que tanto había protegido hasta hoy, y que había decidido seguir protegiendo, pasara lo que pasara de aquí en adelante.

 De cuando en cuando su boca esbozaba una sonrisa, cuando se sentía seguro de su decisión, y poco a poco ésta fue dibujándose más sólida, dejando atrás esa intermitencia que le había acompañado durante toda la noche. Ésa sería la noche más corta del año, puesto que inconscientemente Landroval había elegido el solsticio de verano para abandonar finalmente el templo. Había sido una dura decisión, una decisión necesaria y quizá el comienzo del verano, fuese una buena señal para dar comienzo a una nueva etapa en su vida.

 Durante los últimos 15 años, se había dedicado por entero a ser un buen caballero. Entrenaba y meditaba todos los días, y tras tantos años de entrenamiento, mental y físico, había aprendido a mantener su mente despierta en este mundo mientras era capaz de contemplar y adentrarse en el otro lado de la puerta, en la luz de más allá, que lo inunda todo...tan intensa y pura que pocos pueden soportar y cuya existencia la mayoría preferiría ignorar. Había aprendido que una vez que era capaz de controlar tan abrumadora grandeza, podía sumergirse en ella, y allí encontrar paz para su espíritu, a la vez que energía inagotable. Incluso en ocasiones había sentido que podría comunicarse de algún modo, con algo que en su interior sólo intuía que moraba allí, pero nunca se había atrevido. Le parecía como si por momentos, su alma hubiese sintonizado con la luz del mundo y hubiese comenzado a comprender la plenitud, pero aun era joven o no estaba preparado para soportar la intensidad de la sintonía, o simplemente no había reunido valor para canalizarla en su interior de modo adecuado, como hacían los grandes Mestres. Ellos meditaban perdiendo sus miradas en la gran pira del fuego sagrado, pero permanecían en este mundo, completamente conscientes, más despiertos que nunca...adentrándose en la luz, a través de la gran llama que permanecía estable, sin apagarse, sin consumirse, sin desprender humo...pues era fuego puro.

 Landroval admiraba a los mestres y los respetaba, por su sabiduría y su entrega. Se les denominaba llamas azules, y era conocido que una vez que un caballero alcanzaba este grado, él mismo pasaba a formar parte de la puerta, y en sus ojos brillaba una llama azul, por la que se les daba este nombre.

 Pensamientos y recuerdos, mientras contemplaba la luz, y las palabras de su mestre aun resonaban en su cabeza...

 La noche daba paso a la juventud de la mañana, y cuando apareció el primer albor en el cielo, y se apagó la última brasa, Landroval se levantó y dirigió una última mirada atrás, antes de abandonar el templo. Allí había habitado su esencia, allí estaban sus raíces, allí había descubierto un gran amor en su vida, el amor a la causa, a lo que hacía, a lo que defendía, a la gente que compartía su responsabilidad. Allí había aprendido a amar la vida, y había encontrado un sentido elevado en vivirla...hasta que había encontrado otro tipo de amor, que había hecho zozobrar su nave, y cuestionarse si era ese el rumbo que debía tomar. 

Hasta entonces todo había sido más fácil, puesto que no había tenido que elegir, todo se había dado de modo llano y natural, pero ahora tenía ante él dos caminos, y el nuevo amor que sentía ardía en su interior y crecía, demandando su atención, inundándolo todo cada día más y más.

- Escúchame Landroval - le había dicho su mestre - es importante que lo entiendas. Las antiguas leyes tienen un porqué, una explicación que motiva su existencia. Piensa que fueron dictadas por Altos llamas azules, y que en el pasado ha habído muchos otros hombres sabios que han dedicado su vida a proteger la puerta. Hubo muchas generaciones de caballeros antes de nosotros, y la lucha contra la sombra y las trevas dura desde el comienzo del mundo, aunque antes los hombres no librasen parte en la batalla. El universo entero es luz y oscuridad...

- Pero esas leyes me excluyen, Mestre, me hacen dividirme en dos mitades - le había contestado Landroval. 

- Los caballeros sólo podemos tener un gran amor en nuestra vida Landroval, solo así alcanzamos el grado de entrega necesario, la paz de espíritu necesaria, para proteger la puerta de todo y de todos, hasta de nosotros mismos, para que siempre siga abierta.... El camino del caballero del fuego es uno, pero tú puedes elegir tu camino y sólo tú eres dueño de esa decisión. Espero que escojas bien, y te apoyaré y respetaré sea cual sea tu elección. Has de saber que escoger un camino no implica recorrerlo hasta el final mi buen amigo, no te sientas atado a nada que no desees de corazón...la vida en si es un sendero lleno de cruces y desvíos,  siempre puedes volver atrás o cambiar de camino, siempre puedes escoger otro sendero... así es la vida...y con nuestras decisiones la vamos recorriendo...habla con tu corazón...    

  "Sólo tú eres dueño de esa decisión, ...habla con tu corazón..."...estas palabras habían habitado en su mente toda la noche...pero Landroval, escindido se resistía a tomar una decisión, se resistía a renunciar a ser caballero...se resistía a elegir...

  Mi gente me niega la libertad de amar a una mujer. Pero yo fui tocado por el fuego, soy un caballero y no dejaré de serlo. Ellos deberían saber que uno no puede negar el amor cuando es verdadero, deberían saber que uno no elige amar...

 Y de este modo, partido en dos en su interior, y dejando a su espalda un gigantesco sol anaranjado que poco a poco se elevaba en el horizonte, galopó al encuentro de su amada, y visto de frente era una sombra proyectada contra la luz del nuevo día, su contorno lleno de luz, su interior una sombra difuminada, aun sobrepasada por la intensidad de la luz del amanecer...

Dos jornadas a caballo condujeron a Landroval hasta los vados del río Cuervo, que discurría sabio y oscuro, pero poco profundo en esa zona. Allí estaba la frontera de su mundo, y al cruzar el vado entraría en lo desconocido, la aventura de lo nuevo. Más allá lo esperaba Hilena…

  Desmontó con el vado a la vista, y la casualidad quiso que lo hiciera junto a una “Linita”. La flor que era el emblema de aquellas tierras, pero que a su vez era escasa y rara de encontrar. Se decía que encontrarse con una siempre significaba algo, como si la flor tuviese el poder de aparecerse en el momento justo para transportar una especie de mensaje envuelto en un cierto aura de misterio. Este mensaje siempre tenía algo que ver con la parte de nosotros mismos que intuye ese otro lado de la puerta que es el fuego, con nuestra verdadera esencia.

 Landroval se acercó a la flor, y cuando se encontraba a un solo paso de ella, esta brilló, y cambió de colores, parpadeante, como una pequeña llamita.

  Esto es un buen presagio – pensó Landroval, y quiso arrancar la flor para mostrársela a Hilena, pero cuando lo hizo esta se deshizo en humo y cenizas…

  Contrariado, pero aun animado, montó de nuevo y cruzó el vado sin pensarlo más, y tras un par de horas, divisó al fin La colina verde, en cuya ladera salteada de casitas de piedra, se asienta la villa de Eidrix.

  Una vez al pie de la colina, desmontó de nuevo, y caminando entró en la villa por la puerta Este. El sol estaba en lo alto, y calentaba las piedras con que estaban adoquinadas las calles. El olor de los numerosos jardines y el sonido del agua salpicando en las fuentes, lo impregnaba todo, mientras la ciudad parecía sumida en un plácido sueño. Eran las horas más calurosas, y el sol del verano invitaba a los habitantes de la villa a refugiarse en la sombra de los patios y de las frescas casas de piedra.

 Así Landroval entró solo en Eidrix, y lentamente caminó por sus calles, ascendiendo por la colina y mientras buscaba el árbol de hojas amarillas del que Hilena le había hablado, su mente se fue aclarando y su corazón calmando. No podía negarse que Eidrix era un lugar con una energía especial, quizá ahora fue cuando Landroval entendió que Hilena hubiese elegido aquella villa como su hogar siendo ella del norte. Era un sitio calmo y cálido, y la poca gente que se cruzó Landroval caminaba tranquila y sonriente por las calles empedradas.

 Ya a mitad de colina, Landroval divisó el árbol de hojas amarillas. Sobresalía tras un alto enrejado pintado de verde y cubierto hasta la mitad por plantas trepadoras, que rodeaba el patio delantero de una casa, pequeña pero valiente. Pequeña porque solo tenía una planta y valiente porque crecía en medio de un jardín de altos árboles que casi amenazaban con cubrirla. Pero aun así, y pese a todo, el sol se precipitaba directo sobre ella, y sus ventanas brillaban como espejos. El tejado era de una especie de pizarra blanca que poseía una cierta semejanza con el hielo.

Debe de tratarse de láminas de “Bauro” – Se dijo Landroval. Y el echó le llamó la atención pues los yacimientos de Bauro solo se daban en las regiones mas extremas e inhóspitas del lejano norte – Debe haber sido muy costoso transportarlo hasta aquí…

 Dejó su caballo en la entrada, y caminó hacia la casa, pero no llegó hasta ella, porque bajó el árbol de hojas amarillas había una joven que canturreaba algo, tumbada boca arriba en la hierba. Tenía una larga melena morena que contrastaba con una piel muy blanca.

Era Hilena, que se incorporó al sentir que alguien se acercaba y cuando sus ojos encontraron los de Landroval, este sintió como una conocida calidez inundaba su pecho y en ese momento en su corazón no hubo duda de que hacía lo correcto.

  Los amantes se fundieron en abrazo que no se deshizo cuando atardeció. Llegó la noche con sus veraniegas estrellas fugaces y el abrazó aun continuó, salió la luna y realizó su periplo nocturno, sopló la brisa impregnada de jazmín, se escurrieron las horas…y solo cuando el sol asomó de nuevo en el horizonte, sus cuerpos se separaron temblorosos y exhaustos, pero aun sedientos el uno del otro…    

...(continuará)

 

Flashes

Si cada vez que pienso en ti te enviara un sms, no podría dormir, ducharme, ir a natación, bailar, hacer presentaciones, escribir en Facebook ni hacer el amor.

Ahora paro en seco un informe y te escribo en letras de nube sobre el cielo de Shanghai:

te quiero . . .
(979)

"No se puede enseñar nada a un hombre; sólo se le puede ayudar a encontrar la respuesta dentro de sí mismo"

Galileo Galileo

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(791)

<¿Para qué repetir los errores antiguos habiendo tantos errores nuevos que cometer?

Bertrand Russell

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(743)

Nada en el mundo puede sustituir a la perseverancia. El talento no lo hará; nada es más común que un hombre de talento sin éxito. El genio tampoco; el genio no premiado es casi un axioma. La educación por sí sola tampoco; el mundo esta lleno de cultos sin gloria. Sólo la perseverancia y la firmeza son omnipotentes.

Adam J. Jackson

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(699)

"Live and work but do not forget to play, to have fun in life and really enjoy it"

Vive y trabaja pero no te olvides de jugar, de divertirte en tu vida y de disfrutar de ella.

Eileen Caddy

    

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