Una luz, mi regalo...

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FELIZ DÍA DE NAVIDAD 2010 A TODOS

Comenzaba mis vacaciones de Navidad, me arreglé pronto pensando en todo lo que debía solucionar. Algo que rescatar, cosas que comprar, regalos pendientes que adquirir...

 

 

Antes de salir de casa recibí un mensaje “Te deseo unas entrañables fiestas rodeada de toda la gente que te quiere y que disfrutes de un estupendo año nuevo. Aunque ya no me des clases sigues siendo mi profesora de inglés. Un fuerte abrazo”

 

El efecto del mensaje fue mágico, lo contesté con el mismo cariño y me encaminé a Madrid con un alo de protección y alegría. En cuanto rescaté algunos objetos que tenía en custodia, me encaminé al Corte Inglés a comprar los regalos de los peques, que tenía pendientes. Era estupendo caminar por los pasillos de la perfumería y joyería, siempre me ha encantado ese lugar, se respira alegría, hay mucho brillo y siempre tengo sensación de bienestar cuando estoy rodeada de belleza.

 

Después de encontrar el edificio de la librería y comprar varios libros infantiles, que alcanzan la categoría de piezas de arte, no podía dejar de admirar las maravillas que veían mis ojos y di vueltas y vueltas, hasta que me percaté de la mirada de la dependienta, quien parecía muy sorprendida con mi actitud. Por mí, me habría sentado en el suelo para ojear y admirar los muchos tesoros que se encontraban en las estanterías de la sección infantil.

 

Bajé las escaleras y volví al edificio del área de la cosmética. Compré todo los que necesitaba reponer y volví a uno de los pasillos centrales, acomodando el monedero en el bolso, llevaba la mirada baja y de pronto sentí y vi alguien muy cerca frente a mí, que demandaba verme la cara; según subía la vista pude comprobar la  pulcritud y armonía de sus ropas de exquisito valor. Levanté la mirada y me encontré con unos ojos oscuros que se clavaron en los míos. La mirada fue tan intensa que la sostuve intrigada, a mi edad no suele ser corriente que un hombre te mire así y mucho menos un hombre, al menos, 20 años menor. Había tan profundo interés, curiosidad, admiración que me cautivó por unos momentos. Hablaba por el móvil pero en los segundos que nuestros ojos se encontraron, todo se paralizó, todo se redujo a un profundo sentimiento mutuo, su melena corta de rizo grueso, cuidadas manos, altura media. Pulcro pero no afectado, se le veía resuelto y enérgico, por lo poco que oí de la conversación que sostenía,  mientras continué mi camino, era un tema de trabajo. 

 

Todo quedó ahí, suspendido, el universo acababa de regalarme un momento pleno que enriquecía lo que empezó siendo un  día feliz. Su rostro me resultó familiar, probablemente ya nos habíamos cruzado en alguna otra ocasión.

 

Salí a la calle, llevaba muchas horas dando vueltas, crucé Sol, admirando como siempre su belleza, bajé las escalinatas del metro y comencé el largo periplo de mi vuelta a casa, con el corazón más ligero repleto de gratitud por un bonito y soleado día de invierno, víspera de Navidad.