NADA

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Nada prende en este desierto, tanto intentar poblarlo de árboles para mitigar el calor y dar aliento. Sólo tímidas briznas aparecen sin concierto y no atrapan el rocío ni pueblan, ni siquiera hieren. Henchidos de arrogancia se alejan, se desmenbran, se crecen de nada, de esa nada que los alimenta.

Aliama Narval