Te doy aquello que me das

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Ella apenas cambió el gesto...No podía creer lo que oía. De pronto comprendió las angustias y los ataques de ira en su estómago. 

Ese pequeño monstruo de celos y de rabia había estado vertiendo veneno en su vida, indisponiéndola con los que más quería. El tiempo, gracias al tiempo, al fin había explotado el rencor de aquel ser, ese rencor nacido de su inseguridad, al fin podía verlo con absoluta claridad. Ahora ya podía entender los reproches y comentarios de sus seres queridos y ahora ¿que hacer con tan terrible revelación?

¡Lo que no se ve se siente! Pero ha decidido no seguirle el juego y le contesta en la distancia....

 

“¡Gracias por decirlo tu, gracias por sacar ese odio y gracias por explicarme con tanto detalle por qué me detestas, gracias por revelarme tu gran secreto! Ahora con tu información podré limpiar mi existencia y querer un poco más a los míos y sabré que ya no me invento nada, que lo que no veo lo siento y no volveré a dudar de mi salud mental, porque ahora conozco bien la tuya.”

 

“Cuanto dolor hay en tu interior si necesitas odiarme, cuanto mal hay en ti si necesitas indisponerme con los que amo. Todo lo que viene vuelve, ese es el precio del dolor. Nada es gratis y ahora comprendo. Ya está todo fuera de mi, lo devuelvo envuelto en blanco, sin agregar nada, yo no necesito tu mal, no me hace feliz tu infelicidad y no me compensa tu desgracia! No se que será lo que sigue, pero yo deseo que encuentres la forma de vivir en paz.