Despedidas y Bienvenidas

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Sigue siendo este un verano extraño.  La gente se va de tu vida y el adiós  es siempre doloroso. Algunos se van para siempre a otro plano de la existencia, o se integran hechos cenizas en nuestro entorno y te quiebran por dentro porque nada es igual después de eso.

 

Otros se van de tu vida porque han conseguido lo que querían aquello que ampliará sus perspectivas de futuro. En estos casos, la pena se amortigua con la alegría de haber conseguido ganar otro reto, con la alegría de saber que van a mejorar su existencia .

 

Cuando la despedida es  después de haber luchado mucho y haber perdido porque la elección ha ido en una dirección diferente al esfuerzo hasta entonces realizado, tirando por la borda todo lo conseguido, el dolor es desconsuelo, pero lo aceptas porque cada cual hace su vida eligiendo en cada momento.

 

Hay despedidas que han sido una eterna despedida, una eterna agonía, agravada porque arrastran  a  pequeños seres que no pueden elegir donde quieren estar, ni con quien. Y aunque la vida me ha mostrado que el futuro siempre nos reúne, es muy doloroso aceptar ese adiós.

 

Hay despedidas  de portazo que sólo dejan alivio, pues te liberan del malestar y el desamor.

 

Pero como todo es un eterno ciclo, una continua danza y como todo es relativo pues depende del punto de referencia,  el pasado siempre vuelve para recordarte que forma parte de ti y que jamás lo podrás borrar y por más que intentes culpar al empedrado por tus malas decisiones el te demostrará una y otra vez que no importa si lo quieres reconocer o no, lo que tu eliges es lo que tienes y salir de esas consecuencias te puede costar el resto de tu vida, o no conseguirlo a pesar de los esfuerzos.

 

En este círculo perfecto, junto a las despedidas hay una constante bienvenida a nuevas y más enriquecidas gentes que te acercan cada vez más a tu ideal de existencia, que atenúan tu dolor hasta borrarlo y que limpian con su presencia las hilachas de tus malas costuras. 

 

Abro pues mis brazos a la vida aceptando con humildad el dolor del adiós y renovando mi corazón para las bienvenidas.