Flor de Pitiminí

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Mi madre cuando se enfadaba conmigo, porque yo intentaba imponerle mi forma de hacer,  me decía que era una flor de pitiminí, supongo que le molestaba mucho el resultado de su propia obra, porque ella insistió en educarnos, tanto en la forma, como en el contenido y yo fui una excelente alumna.

Un día cualquiera, decidí comprar un rosal de pitiminí y colocarlo en mi nuevo, pequeño pero flamante jardín y observar el contenido del comentario de mi madre.

Mi pitiminí es asombroso, cuando lo compré era una plantita frágil que me dio unas rosas pequeñitas e intensamente rojas. Sufrió el tórrido verano de Torrejón y estuvo a punto de morir el primer invierno, no crecía ni prosperaba. Después de leer que los rosales protegían a otras plantas decidí ponerlo debajo del naranjo chino que había sido atacado por toda suerte de bichos y bichitos; el resultado fue espectacular, ambos parecieron muy felices juntos y ambos crecieron en belleza y salud.

Llegó el momento de la independencia, mi pitiminí creció mucho y ya estorbaba al naranjo y se la veía incómoda, así es que, decidí ponerlo sólo. Como se sintió tan protagonista empezó a crecer y a demandar atención y allí está el lleno de belleza y alegría, ha cumplido una misión hermosa y ahora ya puede lucir su belleza.

Cuando mamá eligió la imagen del pitiminí para hacerme saber que le molestaba tanto detalle y formalidad, tanta delicadeza, lo eligió con tanto amor que decidió compararme con una plantita pequeña pero fuerte y con una elegancia y belleza fuera de lo habitual y no olvidemos lo bien que sabe defenderse, porque tiene unas pequeñas pero potentes espinas.

Me encanta comprobar una vez más que aunque para mi madre fui un enigma y una pequeña pero muy molesta espinita, siempre me quiso como ella sabía, sin condiciones, hasta el final.

A ella le encantaban las Rosas, pero las grandes, los arbustos grandes e individuales, esplendorosas rosas: blancas rosadas y rojas de todos los tonos, perfectamente alineadas y cuidadas por jardineros expertos, siempre las tuvo en su jardín y muchas veces la vi contemplarlas y regarlas amorosamente.

Claro, mi pitiminí no es nada en comparación, pero yo la cuido y amo como si fuera una ganadora y con el tiempo quién sabe si lo será.