Sanidad, ¡Ay! mi sanidad.

Trabajo en un hospital, una empresa pública cuyo patrón es la Junta de Andalucía. La cuestión es que soy parte integrante de nuestra sanidad nacional -¿se podrá decir nacional en estos días?- y su salud, la de nuestra sanidad, me preocupa.

Todo el mundo ha oído hablar del pozo sin fondo que es la sanidad pública. Siempre se ha achacado este gasto al mal uso que los profesionales hacemos de los recursos. Posiblemente bajo esta premisa, se crearon las empresas públicas como mi hospital. En ellas, la gestión ganaba una libertad de movimientos y de decisiones similar a cualquier empresa de cualquier otro sector. Este es un modelo que intenta ser diferente fundamentalmente en la gestión, pero que en la práctica está llegando al mismo sitio que todos los demás hospitales.

La realidad es que sigue habiendo problemas de lista de espera y la satisfacción del profesional -el sentir general de los trabajadores expresado en los pasillos, ascensores, corrillos, etc.- deja mucho que desear. Eso sí, los pacientes están más que satisfechos, felices con su sanidad... Al menos eso dicen las encuestas que publican nuestros consejeros, delegados, presidentes autonómicos, ministros, etc. Vosotros que me leéis, y que contestáis esas encuestas, estaréis de acuerdo... Estoy seguro de ello ;-).

La sanidad es un bien caro, muy, muy, pero que muy caro. Cualquier acto médico genera un gasto considerable. La tecnología invade nuestra práctica, es demandada por pacientes y por jueces, y el profesional la usa a diario. En ocasiones por el bien del paciente, y en ocasiones por cubrirnos la espalda ante una posible demanda. Y es que la enfermedad la carga el diablo, a veces es imprevisible, y el médico tiene que tener la habilidad de no equivocarse nunca. Todos entenderéis que ante la duda, se abuse de la tecnología sin reparar en gastos, ya sea para asegurar un diagnóstico o para poder justificar que el diagnóstico en ese momento, no era técnicamente posible. A alguno os podrá parecer lamentable este punto de vista pero para el profesional, es bastante estresante trabajar a contrarreloj sabiendo que no puedes errar. La medicina defensiva es un hecho.

El caso es que nuestra sanidad es muy cara; todo en ella es muy caro excepto la mano de obra. En Europa, sólo los profesionales griegos son un poco más baratos -no mucho- que nosotros. Por poner un ejemplo cercano, los portugueses son el doble de caros y los ingleses, alrededor del triple.

Por tanto, el impacto del gasto de nuestra sanidad en nuestra economía puede que haya que buscarlo en otras cuestiones. Quizás no sean los profesionales los únicos culpables del mal uso de los recursos.

Es más, cada vez que un político decide poner un plazo máximo de espera, ya sea para ser operado o para ser visto en consulta por un especialista -objetivos que no crítico, sino que alabo en su fondo- yo tiemblo. Generalmente, la gestión de los recursos para conseguir este fin siempre se entiende y se intenta solucionar aumentando la presión asistencial que soporta el profesional. Claro, ésto siempre se hace a cambio de nada y el trabajador se va irritando lenta, progresiva e inevitablemente.

¿Y a mí, como paciente, qué me cuentas, chavalote?

Pues todo tiene sus consecuencias. Si te atienden el primero, contarás con un médico con capacidad de pensar y solucionar. Si te atienden con el número 30, 40, e incluso con el 50... pues seguro que la cosa cambia.

La tendencia natural del gestor es a aumentar la carga asistencial. Tiene preferencia la rapidez en obtener una cita frente a la "calidad" de la atención recibida. Si no fuera porque todos conocemos el panorama político actual sin entrar en el color, qué mas da en este tema PSOE o PP, podríamos pensar que lo importante es que las estadísticas sean presentables electoralmente. Menos mal que todos entendemos que esto no puede ser y además se dice que es imposible.

Esta situación de sobrecarga, día tras día, lleva al profesional al síndrome de burn out. Y así nos va, quemados pero contentos. En realidad, muchos pensamos que tenemos lo que nos merecemos. En contra de lo que se piensa, el colectivo médico no está unido, no nos ponemos de acuerdo y no tenemos por tanto, ninguna fuerza para intentar mejorar nuestras condiciones laborales, marco inexcusable para que el paciente reciba la mejor atención posible.

Y en cuanto al paciente, quién no ha criticado los centros públicos, quién no ha visto cómo se habla en ellos a voces, cómo no se apagan teléfonos móviles animados por estridentes sonidos, cómo se fuma en las escaleras y cómo se insulta al celador que cuida de que no haya demasiada gente de visita que pueda perturbar el descanso del paciente. Ésto por poner algunos ejemplos.

¡Ay! Mi sanidad, qué mal futuro te auguro. Quien te dirige no sabe cómo llevarte a buen puerto, quien te trabaja no te soporta, y quien te usa no te valora.

Sanidad, ¡Ay! Mi sanidad.

Flashes

Si cada vez que pienso en ti te enviara un sms, no podría dormir, ducharme, ir a natación, bailar, hacer presentaciones, escribir en Facebook ni hacer el amor.

Ahora paro en seco un informe y te escribo en letras de nube sobre el cielo de Shanghai:

te quiero . . .
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"No se puede enseñar nada a un hombre; sólo se le puede ayudar a encontrar la respuesta dentro de sí mismo"

Galileo Galileo

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(823)

<¿Para qué repetir los errores antiguos habiendo tantos errores nuevos que cometer?

Bertrand Russell

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(777)

Nada en el mundo puede sustituir a la perseverancia. El talento no lo hará; nada es más común que un hombre de talento sin éxito. El genio tampoco; el genio no premiado es casi un axioma. La educación por sí sola tampoco; el mundo esta lleno de cultos sin gloria. Sólo la perseverancia y la firmeza son omnipotentes.

Adam J. Jackson

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"Live and work but do not forget to play, to have fun in life and really enjoy it"

Vive y trabaja pero no te olvides de jugar, de divertirte en tu vida y de disfrutar de ella.

Eileen Caddy

    

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