Asustada

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Esta es una historia trágicamente cotidiana. De esas que todos hemos conocido a mayor o menor distancia...

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Era una criatura asustada. La vida no la había tratado bien. Por suerte tenía una familia. Unos padres y unos hermanos que siempre la mimaron y la protegieron. Quizás la sobreprotegieron pero parecía tan frágil como hermosa era su sonrisa y acogedor su corazón. Un día, siendo tan sólo una niña ingenua, el azar, caprichosamente como acostumbra, le puso delante al que sería su marido. Yo te haré una reina le dijo, y ella le creyó. Había crecido, ya era mayor; pronto se casaría. Qué más daba si no le conocía. Él le había prometido la Luna. ¿Por qué la iba a querer engañar?

 

La vida y la sociedad en esos últimos años de una agonizante y asfixiante dictadura no eran fáciles. El machismo, de la mano de sus incultos e interesados siervos, denostaba y vilipendiaba la figura de la mujer. Mujeres, cuya única pretendida e impuesta razón de existir era servir al varón, limpiar su casa, alimentarlo, parir sus hijos y calmar sus más bajos instintos. Toda mujer en esos años, desprovista de los más elementales derechos, necesitaba el permiso de su “dueño” hasta casi para existir. Pero eso no era nada nuevo. Al fin y al cabo la mujer siempre fue un ser de segunda. Lo fue hasta para grandes filósofos y pensadores como Aristóteles o Lutero*, hombres ilustres en una historia escrita por y para hombres…

 

Se casó y pronto pasó a ser propiedad de su príncipe de cartón. Aquél que le había prometido la Luna tan sólo le permitió ser su esclava. Todo ello a cambio de una farsa, de un triste decorado, de un matrimonio ficticio, convencional, que todo ser decente de la época tenía la obligación de formar y mantener al precio que fuera, germen de una familia tras la que guarecerse de su propio infortunio.

 

Los años fueron pasando entre humillaciones y escasas alegrías. Malos modos, peor lenguaje. ¿Cómo podía ser que aquél príncipe no la reconociera como su amada, aquella a la que prometió encumbrar en los más altos altares?

 

Se refugió en sus padres, y en sus hijos, y en sus hermanos, y en cualquiera que le demostrara el más mínimo cariño. Todos intentaban mimarla y protegerla. Y los años fueron pasando, pero la valentía para rebelarse ante aquella servidumbre nunca llegó. Una relación impuesta a base de gritos y peleas en las que sólo el príncipe contaba, el príncipe y sus múltiples miserias… el príncipe con todas sus carencias… el príncipe y su entorno, una sociedad que señalaba con el dedo y repudiaba a toda mujer que se atreviera a romper con aquella esclavitud.

 

Y no era feliz, aunque a ratos sentía ramalazos que le hacían pensar que sí, pero nunca con él, nunca si estaba a su lado. Junto a él siempre sintió miedo, temor a hacer algo mal, a no adivinar sus deseos impregnados de alcohol y soberbia. Por suerte tenía a sus padres, y a sus hijos, y a sus hermanos… y a quienes supieron ver la bondad en esa mirada que a pesar de todo nunca estuvo vacía.

 

Pero esos ojos estaban cada vez más tristes, y suspiraba, suspiraba continuamente. No era feliz pero se sentía incapaz de dar un giro a su  vida. El matrimonio es para toda la vida, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza… todos los días de tu vida. Eso le enseñaron en la iglesia. Eso es lo cristiano. Eso es lo correcto.

 

Los años pasaron tristes, enormes, inmensamente lentos, y la tristeza se fue apoderando de ella. Sus padres faltaron, sus hijos volaron y ella quedó, atrapada en su trampa. Por suerte quedaban sus hermanos y quien supo ver la bondad de su mirada, pero el príncipe, celoso de embriaguez, la reclamaba para sí. No podía soportar que respirara junto a otro, ni que la sonrisa iluminara su rostro, ni que existiera para otro que no fuera él. Baco le acompañaba y le aconsejaba bien; un Dios no engaña a otro. Los Dioses no se equivocan.

 

Ella lo sabía. La única solución era escapar, pero no podía hacerlo. Cómo iba a sobrevivir su príncipe, el que ni siquiera llegó nunca a ser rana, ni sapo, ni nada. Tal era su pena, su sentimiento de culpa, su autoestima herida de muerte por el daño inflingido durante años y años. Y todos se imaginaban culpables, desde el sapo que a su manera creía quererla, hasta su querida familia, la que la mimaba y protegía. Y nadie tenía la culpa. Y todos lo sabían.

 

Pero nunca es tarde para ser reina ni para alcanzar la Luna. Espero que un día la alegría y la ilusión regresen a esa mirada que nunca estuvo vacía. Y que lo haga abrigada del amor de los suyos, de los que la quieren de verdad, de los que no precisan de su esclavitud… de los que torpemente quizás, no la supieron proteger.

 

Espero que ese día llegue pronto. Sabrás que ha llegado porque empezarás a sentirte como una reina y a disfrutar de la Luna. Ese día sonreiremos juntos, de la mano. Tu mirada brillará, la que nunca estuvo ni estará vacía. Y ya siempre será primavera. Y tu risa florecerá.

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*Aristóteles mantenía que la mujer era un hombre deforme. Y fruto de su deformidad, la menstruación no era sino una descarga de semen impuro.

Lutero, mucho más cercano en el tiempo y sin olvidar que era una persona profundamente religiosa, defendía la procreación como única razón de la existencia de la mujer. Hasta tal punto que la mujer debía procrear y procrear hasta que su cuerpo se agotara y le sobreviniera la muerte.

La historia ha sido escrita por hombres y probablemente esa es la única razón de que apenas conozcamos mujeres entre los personajes ilustres de la historia de la humanidad. El nuevo libro de Ángeles Caso trata de este tema y aporta su visión al respecto: “Las olvidadas: Una historia de mujeres creadoras”.

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Son muchas las mujeres que se ven hundidas y no saben cómo sacar la cabeza para respirar. A todas ellas. Porque la vida no es eso y hay vida más allá de esa burbuja impuesta. Porque siempre encontraréis a quien os quiera y os necesite, sin esclavitudes. Porque es él, el sapo, o la rana, el que no vale nada, el que no merece nada. A todas vosotras. Porque la vida empieza ahí mismo… junto a la Luna.

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Flashes

Si cada vez que pienso en ti te enviara un sms, no podría dormir, ducharme, ir a natación, bailar, hacer presentaciones, escribir en Facebook ni hacer el amor.

Ahora paro en seco un informe y te escribo en letras de nube sobre el cielo de Shanghai:

te quiero . . .
(982)

"No se puede enseñar nada a un hombre; sólo se le puede ayudar a encontrar la respuesta dentro de sí mismo"

Galileo Galileo

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(793)

<¿Para qué repetir los errores antiguos habiendo tantos errores nuevos que cometer?

Bertrand Russell

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(746)

Nada en el mundo puede sustituir a la perseverancia. El talento no lo hará; nada es más común que un hombre de talento sin éxito. El genio tampoco; el genio no premiado es casi un axioma. La educación por sí sola tampoco; el mundo esta lleno de cultos sin gloria. Sólo la perseverancia y la firmeza son omnipotentes.

Adam J. Jackson

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"Live and work but do not forget to play, to have fun in life and really enjoy it"

Vive y trabaja pero no te olvides de jugar, de divertirte en tu vida y de disfrutar de ella.

Eileen Caddy

    

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