Desvaríos

Conversando conmigo misma

Sin saber muy bien cómo, a veces uno acuña expresiones, adopta o desarrolla ideas que llegan no se sabe muy bien de dónde pero que calladas se quedan y ahí permanecen sólidas e irrefutables. Al pasar a formar parte del todo que forma nuestro conocimiento, no las analizamos y no cuestionamos su veracidad a menos que unos ojos ajenos, “no contaminados” lo hagan prestando así una perspectiva de la que uno mismo carece.

Eso es lo que ocurrió hace unas noches cuando yo afirmé que existe la literatura para llenarse y la literatura para vaciarse. Ahí es nada. Me topo ahora con el mismo problema con el que me topé hace las mencionadas noches cuando intenté explicar esta bomba a los ojos ajenos de Julio que brillaban por la fiebre que le causaba el mero hecho de pensar que alguna literatura puede vaciar. Pobre, editor él. Bien, como digo, me enfrento al mismo reto que entonces al intentar explicar esa brillante y maldita idea que con alguna cervecilla que otra, estando yo más locuaz y mis interlocutores más abiertos a todo tipo de descalabros demagógicos, resultaba más fácil de defender.

Desde bien pequeña, leía o pretendía leer todo lo que caía en mis manos, incluso lo que caía boca abajo que a menos que tuviese dibujos así se quedaba pues con mis tres tiernos añitos, mis habilidades no daban para más. Tres, no tan tiernas, décadas después, con más o menos las mismas habilidades pero aparentando más, sigo leyendo casi todo lo que me llega que si bien soy capaz de colocar al derecho, a veces entiendo lo mismo que si estuviese del revés. Y es en ésta falta de selección donde entra mi idea de los libros de llenado y de vaciado.

Hay para mí una literatura que propone visiones, imágenes, lenguaje, sensaciones e ideas que aportan y enriquecen y que sobre todo deja al lector pensando y dando una y más vueltas a la propuesta lanzada. Es una literatura que “te llena”. La literatura de vaciado es aquella que no aporta nada que vaya a permanecer tras cerrar la última página del libro. Proporciona sólo ratos de evasión en momentos de desconexión de la realidad. Un ejemplo claro es para mí la literatura de misterio, el género policiaco o la novela negra.

Los puristas como Julio opinarán que la literatura o aporta y llena o deja de poder denominarse literatura para pasar a llamarse algo muy diferente, de lo que prefiero no dar ejemplos. Yo, que no la vivo de forma tan intensa, considero esencial esa literatura de vaciado que si con cuestionable calidad para ser considerada arte, posee unas magníficas cualidades para llevarte lejos a lugares y situaciones dónde escapar de lo inescapable. Mi necesidad de alimentarme de ellas viene de una tendencia extrema a analizar, cuestionar, interpretar y madurar todo lo que veo, leo, percibo o siento. Por ello mi cabeza necesita un respiro.

Durante algún tiempo, especialmente durante mi etapa universitaria, mis inseguridades me hacían incapaz de reconocer que le dedicaba mi tiempo a otros autores que no eran Scott Fitgerald, Dostoievsky o Borges. Si uno quiere ser un intelectual, culto y creativo tiene un estatus y una reputación que defender, ¿cómo empeñar ésta confesando la lectura de Mary Higgins Clark o Sue Grafton? Ni hablar. Afortunadamente esos años de búsqueda desesperada de identidad quedan lejos y con toneladas más de seguridad que entonces, soy capaz de afirmar sin pudor y hasta con cierto descaro que sí, señores, me gusta la pseudoliteratura. Abandoné el intento de ser intelectualoide y me encaminé a  ser humano más de estar por casa, así con mis pantuflas, mi mantita y mi libro en ristre (de los que llenan, vacían o succionan, da igual). Y es que lo bueno y positivo para nosotros es lo que nos proporciona un bien, tangible o no, independientemente de la etiqueta que le queramos después poner.

De todas formas, no tenía yo mucha vocación de alcanzar un sillón en la RAE.

 

 

 

 

 

 

Flashes

Si cada vez que pienso en ti te enviara un sms, no podría dormir, ducharme, ir a natación, bailar, hacer presentaciones, escribir en Facebook ni hacer el amor.

Ahora paro en seco un informe y te escribo en letras de nube sobre el cielo de Shanghai:

te quiero . . .
(979)

"No se puede enseñar nada a un hombre; sólo se le puede ayudar a encontrar la respuesta dentro de sí mismo"

Galileo Galileo

No Image

(790)

<¿Para qué repetir los errores antiguos habiendo tantos errores nuevos que cometer?

Bertrand Russell

No Image

(743)

Nada en el mundo puede sustituir a la perseverancia. El talento no lo hará; nada es más común que un hombre de talento sin éxito. El genio tampoco; el genio no premiado es casi un axioma. La educación por sí sola tampoco; el mundo esta lleno de cultos sin gloria. Sólo la perseverancia y la firmeza son omnipotentes.

Adam J. Jackson

No Image

(699)

"Live and work but do not forget to play, to have fun in life and really enjoy it"

Vive y trabaja pero no te olvides de jugar, de divertirte en tu vida y de disfrutar de ella.

Eileen Caddy

    

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(767)

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