Cuando el saber es una desgracia

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Cuando el saber es una desgracia            No Image

 

Leía en un blog de un grupo de gente con muy distinta razón de vida, a la mía, y me preguntaba que hace que un ser humano se transforme en indiferente al daño que pueda causar con sus caprichos “intelectuales”. ¿Qué lleva a un ser humano a jugar con la salud mental de sus propios hijos?

 

Cuando Sánchez Dragó visitaba a los Chamanes, gente seria, guardianes de una seria tradición de iniciaciones, y contaba sus experiencias con el mezcal y otras substancias alucinógenas, u otras drogas, solía explicar su valor en la cultura que las acogía. Yo siempre percibí un gran respeto en sus revelaciones y un gran respeto al uso de dichas substancias. Pero cuando esto cae en manos irresponsables e irrespetuosas cualquier efecto incontrolado trae dolor, especialmente para los más débiles, aquellos que no se pueden defender.

 

 

Una persona bajo los efectos de un solo porro ya no distingue entre realidad o ficción, lo primero que pierde es el sentido de la responsabilidad y si hay niños cerca ¡ Que alguien los proteja! La mayoría de la agresiones y transgresiones se hacen bajo los efectos de alguna sustancia que altera la conciencia, en ese estado la vida carece de valor y la máxima parece ser perseguir a las y los vírgenes y destruir la inocencia, o cualquier atisbo de creatividad.

 

Puedo entender que un adolescente imberbe, con mucho sufrimiento en su vida caiga en este extremo, pero cuando esto lo fomenta un puñado de ociosos intelectuales, con razonamientos novelescos, me pongo realmente enferma. Me pongo enferma porque no entiendo por qué tenemos que estar constantemente intentando descubrir el fuego. Acaso no es suficiente la descripción de Freud de los efectos de la cocaína, o la legión de chicos y chicas que desaparecieron arrasados por el caballo y otras lindezas en los 80 ¿Es que jamás seremos lo bastante inteligentes como para aprender de lo obvio?

 

 Trabajo día a día con mentes, la mayoría buscando el equilibrio y se el precioso esfuerzo que requiere dar alegría y seguridad en si mismo, por eso cuando veo a padres jugar con la desgracia de sus hijos, cuando veo el cinismo con que los están destruyendo, todo envuelto en una supuesta supremacía del nihilismo de sus supuestas inmensas inteligencias y que ni siquiera el dolor de sus propias enfermedades logra advertirles del sucio juego en que están envueltos, entonces desespero. La mayoría de nosotros enfermamos de absoluto egoísmo, de indiferencia por los otros y de estupidez por sentirnos más listos que nadie  y entrar en el consumo de alguna droga.

 

Esta enfermedad mental buscada no es distinta de una natural, todas ellas son una alteración de la química del cerebro. ¡Que pena tener tanto para tan poco! Tener una gran inteligencia para destruir no me parece un mérito, cuando para eso no se necesita ningún conocimiento o capacidad especial.

 

Una persona feliz a la que le importan los demás y quiere crear cosas, que quiere ayudar a los demás a sanar para sanarse, ayudar a encontrar caminos más fáciles y agradables para si y para otros, no tiene tiempo para aburrirse o aborrecer su vida. Alguien me diría ¿pero sabes que sufrió una depresión que le duró tres años?  Y  yo pregunto ¿Y eso le da derecho a destrozar a los pequeños y a todo lo que le rodea?

 

 Depresión: mezcla de una gran arrogancia, mucha contemplación del ombligo y altos deseos de trascender aunque sea por lo malo, nadie que tenga una opinión diferente o tenga ideas renovadoras puede acercarse, sólo lo que está “descrito” y al final, con todos estos elementos y alguna pizca de mucho afilar cuchillos y pensamientos obsesivos,  una bomba de relojería cuyos desperfectos tendremos que arreglar los demás, aquellos “imbéciles” que ellos consideran incapaces pero que son los que les dan de comer, los que construyen y hacen avanzar al mundo, enmendando sus desastres e incluso cuidándolos, cuando toca.

 

En fin, que el Universo nos cuide de los que se creen por encima de las leyes de la naturaleza y que Gaia  se encargue de establecer el equilibrio.