Entre perros y gatos...

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Pepa, en la foto, nos dejó y como con ella, ahora no me canso de ver a Cloti, una perrita marrón claro y pequeñita, casi insignificante, de dudosa procedencia, limpiar y arrullar a una gatita de un par de meses. O en ocasiones, no me canso de verla jugar, cual gato, con el fortachón negro que es tan enorme como una pantera y tan intimidante como dicho felino.
 
Cuando voy a su casa, estos habitantes tienen un espacio menos para sentarse por lo que el gato negro y Cloti suelen agolparse entre huecos en el único sillón vacío que queda para ellos, en el salón.
 
Pero Cloti no es todo dulzura, a veces se enfada mucho con la rubia, otra gata de dimensiones, cuyo cuerpo abulta dos veces lo que abulta el suyo, y quien sin embargo, la respeta profundamente.
 
Cloti padece una enfermedad delicada que a veces la hace tener alucinaciones, pero sigue con el amor de todos los que la rodean y en su importante papel de ama de la casa que habita. A parte de un par de bufidos y gruñidos de atención que se prodigan de vez en cuando, todo el mundo parece ser feliz y nadie parece estorbar a nadie, ni siquiera yo les estorbo. Cuando los visito, además de cederme su lugar en el sofá me integran en el grupo, pidiendome comida, agua o que les abra la puerta del jardín, con lo que me hacen sentir parte de su magnífica y variopinta manada.
 
A pesar de que yo amo la belleza y la estética del órden y la limpieza impecable, en todos sus contextos, este grupo adorable que ha formado "la Chela", con sus hijos: Diego y Clara, sus gatos, otros perrillos y otros gatillos, que ya se marcharon, y ahora, capitaneando el mundo animal la gran Cloti, han cautivado por completo mi corazón.
 
En ese concierto de personas dispares, perros y gatos, el cariño y la buena voluntad sustituyen a cualquier fórmula de vida, política, o, comportamiento, ya que, lo único importante parece ser el procurar una vida buena y libre para todos los miembros que comparten la casa, con el único propósito visible de facilitar el beneficio y bienestar de todos. Todos por todos sin que nadie se sienta utilizado y todos para que todos se sientan importantes y aceptados.
 
Me encantaría que fuésemos capaces de imitar esa maravillosa organización y construir esa vida en la que, siempre y sin excepción, los unos cuidan de los otros con cariño y respeto a sus diferencias.