Tejer la escarcha

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De pronto sin una razón aparente, todo se vacía, todo se vuelve extraño y distante; vuelvo a mi concha a tejer la escarcha, es lo que hacía cuando viniste deslumbrante, convirtiendo en perlas mis andanzas. Todo brillaba en mi y todos me disputaban, todos querían estar cerca y formar parte de mi hoguera, la luz los atraía; deseaban ese sentimiento que se ensanchaba entre los dos. Tanto lo anhelaron para sí, que se agotó por exceso y se fue a correr otros caminos. Ya no hay brillo que perseguir ya ha decaído el entusiasmo de los perseguidores de luz y es que me apago,  me canso y desaparezco, poco a poco. No hay un transito en ambas direcciones, me vacío de luz, el río va llegando al mar, desvaneciéndose la esperanza envolviéndola de soledad, como la noche envuelve al día con su manta bordada de estrellas. No queda nada que esperar, seguir andando...Es igual saber a donde me lleva el camino, ha de ser mejor que  el  vacío que he dejado atrás, mejor que los espejismos a los que quiero aferrarme.

Sé que los fracasos son sólo míos, lloro mi ignorancia.......

 

 Los pensamientos son aire, van y vienen; dicen y se desdicen, desesperados y llenos de esperanza, pero siempre son parte de nuestras vidas en la soledad y la reflexión. A veces son sólo palabras para representar estados químicos, sin importancia; o incluso, cambios químicos graves que anuncian una enfermedad mortal. Yo prefiero escuchar lo que pienso, me ayuda a detectar los monstruos que yo misma creo, o he creado a fuerza de repetirlos.  Escucho a mi cuerpo en la angustia y el pánico y presto atención a los miedos, siempre me cuentan algo que me salva de algo peor. Soy amiga de mis pensamientos por eso los comparto con mis amigos.